Frente al anuncio del gobernador sobre la voluntad de diálogo con estructuras criminales en Barranquilla, hay tres consideraciones fundamentales:
La disposición al diálogo debe comenzar con actos reales de cesación de hostilidades.
En el primer semestre de 2025, Barranquilla ha registrado más de 250 homicidios —un aumento del 40 %— y la extorsión se ha normalizado en rutas de buses, comercios y barrios populares. Si no hay una disminución tangible de estas violencias, no hay diálogo creíble.
Digno Palomino y alias Castor no son actores políticos, es decir , son jefes de estructuras criminales con control territorial, redes de microtráfico y prácticas sistemáticas de distintas formas de violencias. Reconocerlos como interlocutores sin exigir verdad, justicia y reparación, puede debilitar al Estado y enviar un mensaje peligroso a la sociedad.
La respuesta no puede ser solo policial.
Aunque se han hecho más de 4.000 capturas y decomisos de armas, la violencia persiste.
Se necesita una política pública que combine sanción penal, programas de reintegración y atención social en barrios históricamente abandonados.
Sin inversión sostenida en esos territorios, no habrá paz . es clave mencionar que abrir canales de diálogo puede ser útil, pero solo si se cumplen condiciones mínimas : hechos verificables, no legitimación del crimen y transformación estructural en los territorios más golpeados.